«El silencio nos hace cómplices»: los hombres también quieren plantar cara a la violencia este 25N

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Cuidado con los callejones mal iluminados, procura que el taxi te deje en la puerta de casa, vigila tu copa, avisa cuando llegues. O simplemente, denuncia, rompe, escapa. En el contexto de la lucha contra la violencia machista, los mensajes han tenido tradicionalmente un receptor claro: las mujeres. Y aunque son la parte central de la batalla, lo cierto es que el peso de la responsabilidad recae sobre ellas con una fuerza descomunal. Con el avance del feminismo y la toma de conciencia global, las cosas empiezan a cambiar: la otra parte de la ecuación, los hombres, comienzan a ser interpelados. No solo los agresores, también los cómplices: los que jalean y los que callan. Este 25N, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, los hombres asumen su papel.

El Ministerio de Igualdad ha tomado nota de lo que lleva siendo una petición histórica de las organizaciones feministas y ha desarrollado una campaña que fija precisamente la atención en los varones. «Una de cada dos mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida. Si ni tú ni yo hemos sido, ¿entonces quién? Si no vas a hacer nada para pararlo, ¿entonces quién?», plantea la acción institucional.

«Sé valiente y busca ayuda»

«¿Por qué le quitas la vida a la persona que quieres?». La pregunta la plantea un hombre. Sergio (nombre ficticio) sabe bien de lo que habla: acaba de cursar un programa de intervención destinado a agresores que se encuentran en prisión. La carta va a dirigida a muchos otros como él: agresores anónimos que ejercen violencia contra sus parejas o exparejas. «No puedes obligar a alguien a que te ame. No debes acortar su vida. Sé valiente y busca ayuda», escribe a mano, con pulso firme. En los renglones de la misiva, insiste precisamente en eso: la búsqueda de ayuda y de razones para abandonar la violencia. «No hagas sufrir más a las personas que te quieren«, ruega, tal vez pensando en qué era lo que él mismo necesitaba escuchar la primera vez que la violencia entró en su vida.

La carta, consultada por infoLibre, la atesora Susa Díaz, psicóloga y fundadora de la asociación Con un Pie Fuera (CUPIF). Díaz conoce bien cómo hay que dirigirse a los hombres, especialmente a los que arrastran una condena por violencia. Desde hace casi tres décadas, su organización colabora con Instituciones Penitenciarias para intervenir con los presos e ir más allá de la necesaria «tarjeta roja» a sus conductas violentas. «A raíz de la Ley contra la violencia de 2004, nos damos cuenta de que no había ningún recurso de programas de reeducación para los presos», comenta en conversación con este diario. Así que se ponen manos a la obra: la ley se aprueba en diciembre de 2004 y en enero de 2005 su equipo comienza a trabajar. 

Díaz forma parte de las cabezas pensantes que desarrollan el programa PRIA-MA, que durante diez largos meses interviene con presos condenados por violencia machista. «Al trabajar con el agresor, lo que queremos es que no haya más víctimas«, reflexiona, «porque cuando él salga va a tener otras parejas». A los cursos llegan, la inmensa mayoría, bramando contra la Ley de 2004 y contra el feminismo. «Muchos niegan o minimizan el problema, consideran que no han hecho nada, que no era para tanto», explica. El trabajo es arduo, pero necesario. «Escuchamos sin juzgar, trabajamos muchísimo la comunicación, los pensamientos negativos, los mitos del amor… desmontamos todo eso«.

Uno de los frutos del trabajo, presume la psicóloga, es que la formación sirve para construir un mensaje colectivo que llega a oídos de otros hombres que están fuera. «Cada vez nos llegan más correos de hombres pidiendo ayuda«, relata Díaz. Varones que identifican conductas violentas y que quieren ponerle freno. «No me quiero convertir en un maltratador, pero sé que lo estoy haciendo mal», dicen algunos. Díaz es una firme defensora de que la reeducación es posible, efectiva y necesaria, pero también de que «hablar a los hombres es un paso clave» no solo para que ellos mismos abracen la lección, sino para que la compartan con sus iguales. Es, al fin y al cabo, otra forma de prevención.

Compadreo y complicidad

«Por supuesto que debemos apelar a los hombres: dejarles fuera es perder la batalla». Bárbara Zorrilla acostumbra a asistir en su consulta a mujeres que han sufrido o están sufriendo malos tratos. Sabe, precisamente en base a su experiencia, que apartar a los hombres cierra muchas puertas en la batalla contra la violencia. «Luchar contra el machismo también significa deshacerse de todos los mandatos que pesan sobre ellos» y «llamar a las cosas por su nombre: los hombres han socializado en una actitud de compadreo que es en realidad normalización de la violencia«. El cambio de paradigma, analiza, vendrá necesariamente unido a la voluntad masculina de «dejar de ser cómplices» para pasar a ser «agentes de igualdad».

Santiago Fernández trabaja codo a codo con otros grupos de hombres partiendo de esa misma premisa: «El silencio nos hace cómplices». Forma parte de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) y coincide en la responsabilidad de los hombres a la hora de frenar la violencia: «En el momento en que callamos, estamos contribuyendo a perpetuar el ejercicio de un comportamiento patriarcal«.

Al otro lado del teléfono, Fernández reconoce que la tarea no siempre es bien recibida por todos. Algunos hombres no se sentirán nunca reconocidos en la figura de potencial agresor, otros simplemente no querrán renunciar a ocupar una posición de privilegio. Ir a contracorriente o abandonar las dinámicas grupales no suelen ser ideas atractivas. «Decir que es cómodo sería faltar a la verdad, pero no fue cómodo para las feministas luchar por la igualdad. No es cómodo ponerte delante de algo que se considera hegemónico, pero es imprescindible«, asiente. 

Y más, ahora. «No nos queda otra que plantearnos como parte de la solución, especialmente por el momento social que estamos viviendo», señala. Lo dice solo un día después de los ataques a Irene Montero en el Congreso. «Hace unos años teníamos un consenso social sobre que el principio de igualdad sostenía la democracia. Pero ahora ha empezado a esgrimirse como un elemento ideológico», reflexiona el portavoz de la asociación, quien lamenta que se le haya «dado voz a un sector de nostálgicos del pasado que se dedican a gritar». Ante esa coyuntura, expone, una réplica se hace más necesaria que nunca. «Cuando el resto de hombres callamos ante ese griterío, parece que ellos son más y no es cierto. Los hombres debemos dar un paso al frente».

Noticia originalmente publicada en infolibre.es:

https://www.infolibre.es/igualdad/silencio-complices-hombres-quieren-plantar-cara-violencia-25n_1_1371851.html